Esta es una historia que comienza en la sala de un aeropuerto, donde la terapeuta y escritora Marcela Bracho Fuentes (Ciudad de México, 1961), comparte su viaje interior y el duelo por la pérdida de su padre, esto a través de un diario íntimo que ofrece a los lectores bajo el título de Jugar la vida.

En entrevista, la autora habló sobre este trabajo, un libro editado por Selector (2020), que a decir del prólogo de Federico Traeger, nos regala el misticismo milenario de la India, entreverándose con la mexicanidad alegre y la orfandad dolida de la protagonista.

“Este libro nace como un diario de viaje, en él se entrelazan tres cosas importantes: un viaje a la India, la muerte de mi padre tres días antes del vuelo y el encuentro que tenía programado con mi hija, con quien realizaría este recorrido. Empiezo a escribir lo que estoy sintiendo porque había mucho dolor en mi alma”.

Acotó que este testimonio no fue pensado para su publicación, pues nació de forma natural luego de esta pérdida, un duelo al que enfrentó refugiándose en la escritura, en los recuerdos y en el devenir de la historia de su padre, entrecruzando estos pasajes en un relato de autoficción al que dio forma en un taller de creación literaria.

Refirió que “escribir para mí es una de mis grandes pasiones y yo uso mucho la escritura creativa dentro de mis consultas y mi trabajo terapéutico; nos da la posibilidad de expresar todo lo que pasa en nuestro interior y manifestar la voz interna”.

Pero en este caso, dicho proceso le ayudó a asimilar una pérdida abrupta, convirtiendo los parajes de Nepal,? Rajastán, Delhi, Agra, Jaipur y otros sitios en apuntes de viaje en los que entremezcla su historia personal, teniendo como telón de fondo a una de las civilizaciones más antiguas y grandes del mundo.

 

Un viaje interior

Sobre la construcción de la historia, refirió: “voy entrelazando pasajes que viví con mi papá y mezclándolos con el viaje; la India me proyectaba muchas señales, él estaba presente en mi travesía. Lo interesante de este viaje interior es cómo voy transformando mi dolor en el colorido de la vida, los sabores y los olores; todo es muy vívido”.

El libro se concibe como un intercambio de correspondencia y es narrado en primera persona, en un diario dirigido a su progenitor, en el cual lo invita tanto a vivir con ella este trayecto como a conocer los templos de este país y todos los rincones que encantaron a la escritora.

“Le estoy hablando a él, diciendo: ‘ven, te invito; súbete a mis hombros, se mi voz, se mis ojos, yo seré tus ojos ante esto’. Ahí es donde comienza una travesía con muchos matices espirituales y emocionales”.

Para la autora, los caminos de escritura son sanadores y pueden incluso formar parte de un proceso tanatológico, pues se proyectan las vivencias en una trama y personajes que dan salida a la voz interna, los debates y reflexiones que se generan en la cabeza del escritor.

Refirió que el proceso experimentado se trató de algo muy intenso: “todo fue llenarlo de paisajes, colorido, anécdotas y también parte de la historia de este país; cuando yo vi esta faceta tan juguetona de la India, tan auténtica y genuina, ahí fue donde comencé a conectar con mi papá, a realizar un homenaje y honrar a quien ya no está contigo”.

Marcela Bracho hace una invitación al lector a adentrarse en una lectura cálida, amena e íntima, con una historia que muestra la transformación del dolor en alegría y amor; «un libro que permite conectar con el corazón y viajar a la India sin tener que salir de casa».

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