Los ensayos que integran el libro más reciente del poeta y escritor nahua Natalio Hernández, De la hispanidad de cinco siglos a la mexicanidad del siglo XXI, son —como a dicho su propio autor— una serie de reflexiones en torno al papel de las lenguas indígenas mexicanas, “con la finalidad de reinterpretar y reescribir nuestra historia desde una mirada propia e incluyente”.

Inmerso en los temas de interés del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el volumen fue analizado por el historiador de esta institución, Rodrigo Martínez Baracs, y por la coordinadora de la Maestría en Estudios Amerindios y Educación Bilingüe, de la Universidad Autónoma de Querétaro, Luz María Lepe Lira, en un conversatorio virtual transmitido por el canal de INAH TV en YouTube, en sintonía con la campaña “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura.

Bajo la moderación de la coordinadora nacional de Antropología, del INAH, Paloma Bonfil Sánchez, en la reunión remota ambos investigadores apelaron a lo que ya señalaba don Miguel León-Portilla, en el sentido de que hoy en día, la lengua española permite “comunicar a gente tan distinta como los tojolabales de Chiapas, con los yaquis de Sonora”. Y el propio ensayista Juan Domingo Argüelles, ya advierte en el prólogo del libro de Hernández, que “es peculiar esta defensa del español por parte de un escritor indígena e indigenista”.

De acuerdo con el investigador de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, Rodrigo Martínez Baracs, a través de esta compilación de ensayos, el académico e investigador del náhuatl, revela que la defensa de las hablas indígenas no excluye el conocimiento, por ejemplo, del inglés, “como lo han demostrado las comunidades zapotecas en Estados Unidos, que mantienen más viva su lengua que las propias comunidades locales; o los mayas de Belice, que hablan maya e inglés, y un poco de creol.

“El reto es ser propio, ser mexicanos y ser universales, como lo defendieron Alfonso Reyes, Octavio Paz y Carlos Fuentes. Por cierto, debe recordarse que mucha de la población mesoamericana prehispánica era bilingüe, hablaba su lengua y algo de náhuatl, la lengua franca, y otras combinaciones en cada región. Es sumamente atendible la sana prevención de Natalio Hernández, contra el aislacionismo indigenista antiespañol”.

El español también es nuestro, pronuncia Natalio Hernández en su libro, señalando a la par que “al principio nuestras lenguas mexicanas estaban reprimidas por la lengua española, que no les permitía su desarrollo ni su florecimiento. Hoy, el tiempo empieza a cambiar, poco a poco, nuestros pueblos comienzan a reconciliarse con el español, empiezan a aceptarlo como suyo, como lengua propia. Por eso, hoy sabemos que somos ricos, porque tenemos muchas lenguas mexicanas y la española, que también es nuestra”.

La idea anterior, dijo Martínez Baracs, es el valioso principio de la educación y el diálogo interculturales, de la convivencia lingüística que propone Natalio Hernández en De la hispanidad de cinco siglos a la mexicanidad del siglo XXI. De los prejuicios que podrían surgir del título, cabría matizar que “los españoles y los frailes del siglo XVI no impusieron el idioma español a los indígenas de los pueblos, les predicaron en sus lenguas, las cuales estudiaron y difundieron en gramáticas, vocabularios, doctrinas cristianas e historias. Los indígenas siguieron hablando de manera predominante sus lenguas, hasta el siglo XIX y parte del XX”.

En su intervención, Luz María Lepe Lira, hizo hincapié en que la novedad editorial del maestro Natalio Hernández, permite sopesar una trayectoria de más de cuatro décadas en las que se ha desempeñado como escritor, poeta, profesor de educación bilingüe, como intelectual, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, y como catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México, entre otras funciones y espacios por los que ha luchado.

Ese vasto conocimiento y experiencia son los que le permitieron dividir los ensayos en cuatro apartados; en el primero, desarrolla la idea de la lengua náhuatl como eje de la identidad mexicana, haciendo un recuento de su uso en la construcción de la nación y de la importancia de las figuras del padre Ángel María Garibay y de Miguel León-Portilla, y sus aportes para conocer a los escritores nahuas de la antigüedad, así como su influencia en los escritores contemporáneos.

El centro de la segunda parte —continuó Lepe Lira— es el movimiento de la literatura indígena contemporánea y los retos que el autor plantea en el porvenir de una literatura multilingüe; el tercer apartado está destinado a la difusión de las lenguas indígenas en el sistema educativo y, por último, el libro recoge una entrevista que se le realizó en torno a la figura de Miguel León-Portilla.

La experta en el estudio de la literatura indígena refirió que este movimiento tuvo un despertar distinto en los albores del siglo XXI, determinado por circunstancias políticas, sociales y culturales que se venían gestando desde las últimas décadas del XX, y por la actuación de personajes concretos como el poeta Natalio Hernández.

“Este siglo y este momento, en el que nuestro autor es pionero y parte imprescindible, es el del florecimiento de la diversidad. La Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas, de la que es fundador, y otras que se fueron sumando con los años, y colectivos en las diferentes regiones de México, nos muestran un panorama donde los campos literarios en las lenguas indígenas se fortalece.

“México es el parteaguas de este movimiento en América Latina, es el país con más premios para los escritores en lenguas originarias y también con mayores espacios para su difusión, publicación y creación. Tal vez, no somos conscientes de ello, pero los movimientos literarios en Sudamérica, tanto en Argentina, Ecuador y Colombia, ligados a las lenguas originarias, parten y se desarrollan a través de las propuestas que iniciaron en nuestro país”, concluyó Luz María Lepe Lira.

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