CDMX a 7 de julio de 2020.- En una situación de confinamiento es previsible que las personas tengan momentos o picos de miedo, angustia, tristeza, malestar y enojo, e incluso se modifiquen sus ciclos biológicos. Bajo estas emociones es posible que vea afectada su salud mental que, de acuerdo con una definición generalizada, es el estado de equilibrio de un individuo y su entorno socio-cultural.

En este balance, las personas son conscientes de sus capacidades y necesidades, lo que les permite enfrentar de manera relativamente efectiva cualquier situación. Una óptima salud mental hace que una persona se sienta bien y tranquila, satisfecha de cómo se desenvuelve en su entorno, sola o en grupo; es una sensación subjetiva de bienestar relativo, pues para unas personas este estado se presenta bajo ciertas circunstancias y para otras en condiciones distintas.

Sin embargo, esta sensación de bienestar posiblemente se vea comprometida en estos días debido al actual aislamiento social. Por ello, es importante desarrollar un adecuado autoconocimiento que permita reconocer emociones que puedan afectar nuestra mente y conocer las medidas que podemos adoptar para contrarrestarlas.

De los primeros impactos que tienen efecto en la salud mental son los cambios en los ciclos circadianos (ritmos biológicos en ciclos de 24 horas, que regulan funciones críticas del organismo). Afecta también la percepción de pérdida de libertad, de no salir y hacer una vida normal, lo que genera angustia, a lo que se suman las preocupaciones por las situaciones económicas y laborales, así como el aburrimiento y la monotonía.

De acuerdo a la investigación “El neuropéptido Tac2 controla un estado cerebral distribuido inducido por el estrés de aislamiento social crónico”, de 2018, se comprobó desde un punto de vista biológico lo que ya se sabía desde antes: los seres humanos son eminentemente sociables, como todos los mamíferos, los primates en especial. Un aislamiento social crónico causa graves efectos psicológicos en los humanos, pero sus bases neurológicas, señalaron los investigadores, son poco conocidas.

En ese estudio, los científicos aislaron a ratones de laboratorio por más de dos semanas y se observó que empezaron a generar una mayor expresión del gen taquiquinina Tac2, el cual codifica para el neuropéptido neuriquinina B, que se expresa en regiones del cerebro específicas y relacionadas con las emociones y con el comportamiento social, como la amígdala y el hipotálamo.

Después de ese periodo de tiempo en los animales se observó irritabilidad, una reacción de mayor alerta frente a situaciones potencialmente alarmantes y rechazo a las actividades cotidianas; es decir, un mayor aislamiento en el aislamiento inducido.

Sobre este estudio, la doctora Ingrid Vargas Huicochea, de la Coordinación de Investigación del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM, comentó que, los resultados observados a nivel laboratorio se podrían encontrar en los cerebros de los individuos que ahora están en confinamiento, pues biológicamente el aislamiento prolongado tiene un efecto en el cerebro del humano, sobre su química y función.

Mente y cuerpo El ser humano es uno solo, mente y cuerpo conectados. Por ello, las afecciones de la mente en muchas ocasiones se manifiestan físicamente, “pero todavía, en este siglo XXI, se sigue negando mucho la parte mental, y es el cuerpo el que llama la atención al comenzar a somatizar ese malestar emocional”, señaló la investigadora de la UNAM, en entrevista para la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación de la Ciudad de México.

Entre las manifestaciones físicas más comunes están los dolores de cabeza, mareos, fatiga, dolores musculares varios, malestares gastrointestinales, debido a que el tracto intestinal es el asiento de muchas de las emociones, no por nada, recordó la psiquiatra Vargas Huicochea, al intestino se le llama “el segundo cerebro”. Estas manifestaciones hacen que las personas con algún tipo de problema en salud mental busquen atención médica.

De manera general, las acciones que recomendó la especialista para contrarrestar algún cuadro de estrés, depresión, tristeza y angustia son prácticamente las que se llevarían en un estado de no confinamiento: tener una vida repartida en diferentes escenarios; es decir, cubrir los aspectos laborales y académico, procurar la convivencia familiar y social; y en la parte individual destinar un espacio para sí mismo, hacer ejercicio físico es indispensable y necesario, incluso descansar.

En la situación actual de pandemia, en la que, aunque se reconoce que la razón por la que se lleva un aislamiento voluntario es para contener la evolución del contagio, persisten la incomodidad y el malestar porque incomoda el estar confinados.

Pero aún más importante es, desde la perspectiva de la especialista, que la población debe caer en cuenta de que cuando el aislamiento concluya el mundo no volverá a ser el mismo como se conoció, y la vida no se podrá recuperar de la forma en que se llevaba.

Es en este punto que Vargas subrayó como recomendación fundamental resignificar el evento de la pandemia para mantener una salud mental óptima o recuperarla si es que se percibe o se siente que está afectada.

“Tenemos que decirnos a nosotros mismos que la pandemia es real, el mundo entero sucumbe ante ella y hay impactos de vida y muerte, pero también en lo económico y social, y que quizá vengan cosas más difíciles, pero pensar que formamos parte de esa realidad y tendremos que adaptarnos a ello”, sostuvo la investigadora de la UNAM, y agregó sobre la conveniencia de realizar un balance entre las pérdidas y las oportunidades.

De hecho, la reflexión debe ir más allá y analizar la manera en cómo cada una de las personas deberá insertarse en la nueva realidad para ayudarse a sí misma y a su entorno para que ambos avancen.

El actual contexto es una buena oportunidad para cultivar lo que se llama atención plena. El estrés y las emociones negativas, explicó la investigadora de la UNAM, están también alimentadas porque la mayoría de las personas transitan constantemente entre un futuro incierto y un pasado que se añora, que hace que las personas puedan sentirse peor.

Por tanto, la recomendación es instalarse en el momento y en atención plena, sujetarse de algo sensorialmente tangible, cualquier cosa, un objeto, un ser vivo y descubrir lo que se siente al tocarlo, olerlo, escucharlo, verlo, y ser consciente de esas sensaciones. “Concentrarse en el momento ayuda a aterrizar en el aquí y el ahora”.

Este ejercicio de atención plena puede ayudar a retomar desde casa los horarios y los hábitos, incluidos el relajamiento, el esparcimiento y la comunicación con otras personas fuera del ámbito familiar con el uso de la tecnología.

Es importante reconocer cuando la rutina se ha convertido en un desastre y retomarla paulatinamente también como una preparación de regreso a la actividad. Si alguna persona considera que necesita de ayuda que la busque, porque en ocasiones y pese a todos los esfuerzos hay situaciones que van más allá, y no es suficiente con “echarle ganas”.

Ayudar a niños y jóvenes Las personas adultas pueden ayudar a los niños y los adolescentes a enfrentar el encierro, también desde la realidad, según la psiquiatra Vargas Huicochea, “evidentemente no hacerlo de una manera tan cruda, pero no sirve de nada ocultarles lo que está pasando; debemos hablar con ellos a su nivel y explicarles el porqué de las acciones que se tienen que llevar, porque conocer la realidad les va a ayudar”.

Para ellos una rutina de ejercicio, actividades y horarios es indispensable, así como su espacio para el juego en el que crean su propio entorno saludable. Y con los adolescentes evitar que todo el día estén conectados a la tabletas, celulares y redes sociales, y conducirlos a otras actividades a las que han dejado de estar acostumbrados como leer, escribir, crear.

Los padres y madres con hijos pequeños y espacios físicos limitados tienen un reto todavía mayor, pero no imposible de vencer. En este escenario, es muy importante la comunicación, explicarles que se está en un mismo barco y no se puede bajar de él por un tiempo. La recomendación, apuntó la especialista en trastornos mentales, es que cada uno exponga verbalmente o escriba en un papel lo que necesita y lo que puede hacer, y la familia o el grupo deberá apoyar para que se pueda lograr.

 

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