CDMX a 24 de julio de 2020.- El cuidado y mantenimiento de áreas verdes en zonas urbanas, como la Ciudad de México, es suficiente para generar una gran diversidad de fauna y flora, además de garantizar los servicios ambientales necesarios para garantizar una vida saludable y digna, aseguró Lorena Martínez González, directora de Áreas Verdes y Educación Ambiental de Fundación Xochitla A.C.

Al participar en el ciclo de conferencias que impulsa la Secretaría de Medio Ambiente con motivo de los festejos del Mes del Bosque, la ponente consideró necesario impulsar una estrategia que fortalezca la sensibilización de la ciudadanía para recuperar sus zonas verdes, ya que al día de hoy se ven afectadas por el vandalismo, podas inadecuadas, presencia de plagas, reforestaciones mal planeadas y muerte prematura de ejemplares, entre otros factores.

Explicó que en un predio de 20 hectáreas se pueden albergar hasta 120 aves residentes y migratorias, así como plantas nativas de hasta 200 especies.

Estos aspectos deben ser tomados en cuenta si se considera que hoy el 70% de la población se concentra en las ciudades del mundo, lo que ha llevado a la Organización Mundial de la Salud determinar que por cada habitante se requieren de 9 a 12 m2 de área verde. Sin embargo, en la Ciudad de México apenas y se alcanzan los 7.5 m2, de acuerdo con la última encuesta realizada en 2017.

Lorena Martínez se remitió a los tiempos de la Colonia para explicar cómo esta zona lacustre se transformó sin una estrategia que garantizara el equilibrio de la naturaleza. De ahí que a lo largo de más de 500 años se hayan tenido que enfrentar a inundaciones y problemas de contaminación.

Durante su ponencia “Historia de las áreas verdes de la Ciudad de México”, coordinada por el Centro de Educación y Capacitación para el Desarrollo Sustentable, destacó que desde la época prehispánica estos espacios ya formaban parte importante de la traza urbana. Los Xochitecpancalli eran jardines para los nobles y las chinampas, uno de los sistemas de agricultura más eficientes para producir alimentos y ganarle terreno al lago sin afectar su equilibrio.

Sin embargo, uno de los principales problemas que terminó por afectar severamente la zona lacustre del Valle de México fue la desecación del lago por parte de los españoles, a partir de 1592 al poniente de la ciudad, en el área que hoy ocupa la Alameda Central.

A ello se sumó una tala inmoderada de los árboles que rodeaban el valle para la construcción de la nueva ciudad, razón por la que de 1553 a 1629 se registraron más de cinco inundaciones que pusieron en peligro a los habitantes.

Por ello fue más agresivo el proceso para desecar el lago. Se construyó en 1608 el canal de desagüe Nochistongo en Huehuetoca, Estado de México, lo que derivó en el desastre ecológico más grande de la historia del valle y que terminó con la desaparición de la zona lacustre.

Posteriormente, hubo diferentes intentos históricos para reforestar con árboles importados que no pudieron soportar el suelo salitroso que dejó el lecho del lago y que cambiaron por completo el aspecto de la Ciudad de México.

Destacaron en particular las aportaciones de Miguel Ángel de Quevedo, que ayudaron a la creación del primer Parque Nacional en el Desierto de los Leones en 1917 y de Los Viveros de Coyoacán, un esfuerzo que contribuyó a la reforestación de la Ciudad y que motivó la primera “Fiesta del Árbol” de 1925 a 1932.

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