CDMX  28 de abril de 2020.- Investigadores mexicanos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) crean bioplaguicidas para salvaguardar los cultivos de maíz, jitomate y agave, asimismo buscan disminuir el impacto ambiental de los agroquímicos comunes.

Un equipo de científicos del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR) Unidad Oaxaca, creó bioplaguicidas a base de hongos y nematodos (gusanos) entomopatógenos formulados en aceite (organismos microscópicos capaces de generar enfermedades en insectos).

El director general del IPN, Mario Alberto Rodríguez Casas, ratificó el compromiso del Politécnico con los proyectos que unen el crecimiento económico con el cuidado del medio ambiente, la sustentabilidad y el respeto a la cultura de los pueblos originarios.

Al detallar este proyecto, el doctor en Ciencias Agrícolas Teodulfo Aquino Bolaños, explicó que los entomopatógenos son organismos que tienen la capacidad de reproducirse en el cuerpo de los insectos adultos o larvas (insectos que se encuentra en su primera etapa de desarrollo postembrionario).

“El entomopatógeno se anida en la larva y la puede destruir; estos microorganismos se posicionan en el cuerpo del insecto, y le proporciona humedad y le da alternativas para que pueda reproducirse”, mencionó.

Precisó que en la región sureste de país, los cultivos de maíz son atacados por una plaga denominada Gallina Ciega (larvas de escarabajos) que se alimentan de la raíz de la planta y su método de control es complicado.

Explicó que en la temporada de lluvias aparecen las larvas de Gallina Ciega y es el momento propicio para la aplicación de los entomopatógenos, a fin de que puedan cumplir con su misión de eliminar la plaga.

“Una de las ventajas que se tiene es que sólo se aplica una vez y su presencia se queda en el suelo, entonces automáticamente se limpia el espacio para no volver a tener el mismo problema”, enfatizó.

El especialista en productividad agroalimentaria comentó que el Nematodo del Nódulola es la plaga que ataca al jitomate, y ocasiona que se formen protuberancias en las raíces (una especie de granos) que obstruyen el paso del agua y de los nutrientes en la planta, lo que hace que los frutos no puedan desarrollarse.

“Lo que hicimos fue aplicar hongos entomopatógenos, los cuales cubren las agallas (tumores bulbosos que sobresalen del tallo) y las eliminan; automáticamente se empiezan a deshidratar los nódulos”, señaló.

Por otra parte, puntualizó que el cultivo de agave es dañado por una plaga aérea, un insecto denominado Picudo Negro o Picudo del Agave, los adultos se localizan entre las hojas y las larvas se alimentan del tallo.

“Lo que descubrimos es que este insecto se deshidrata fácilmente; entonces desarrollamos un microorganismo que contamina a uno o dos insectos que acceden a la planta y, por sus propios hábitos, ellos mismos se llevan al entomopatógeno a sus colonias y ahí contagian a los demás”, indicó.

Finalmente, el experto en agricultura agroecológica reconoció que existe una diversidad de plagas que afectan grandes porciones de cultivos y tienen enormes repercusiones económicas en el país.

“Los plaguicidas tienen un impacto muy positivo en el sector agrícola, ya que constituyen una alternativa viable para atender este problema y desplazar a los agroquímicos, que tienen una alta toxicidad y perjudican el ambiente”, concluyó.

Tomado del sitio de Notimex.

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