Concluyó el ciclo de conferencias dedicado a la Noche Triste

Ciudad de México, 21 de noviembre de 2020.- El hallazgo de vestigios de la antigua residencia del padre de Moctezuma II, el Palacio de Axayácatl, en el primer cuadro de la Ciudad de México, en julio de este año, es un ejemplo de cómo la arqueología puede aliarse con la historia para corroborar la ubicación de inmuebles desaparecidos hace 500 años.

Así lo señaló el responsable del Programa de Arqueología Urbana (PAU), del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Raúl Barrera Rodríguez, al cerrar el ciclo de conferencias “A 500 años de la Noche Triste. Crónica de una victoria mexica”, organizado virtualmente por el Museo del Templo Mayor (MTM).

Esta iniciativa de difusión, enmarcada en la campaña “Contigo en la Distancia”, de la Secretaría de Cultura, se centró en el análisis histórico y arqueológico del suceso que tradicionalmente ha sido llamado como la Noche Triste; asimismo, abordó las representaciones que desde el arte mexicano se ha dado a esa conflagración, ocurrida el 30 de junio de 1520, entre tenochcas, españoles e indígenas aliados a estos.

En última conferencia del ciclo, disponible junto con las anteriores en la página en Facebook del MTM, el arqueólogo rememoró el descubrimiento de los restos de uno de los principales escenarios de aquella batalla de hace medio milenio: el Palacio de Axayácatl.

El investigador del INAH señaló que dicha construcción mexica, atribuida al tlatoani Axayácatl, quien gobernó Tenochtitlan entre 1469 y 1481, aparece representada en diversos documentos de carácter histórico como el Mapa de Nuremberg, elaborado en 1524, y el cual se atribuye al propio conquistador Hernán Cortés.

Este mapa, explicó, hace referencia a una amplia construcción fortificada, también llamada ‘Casas Viejas de Moctezuma’, en la que había amplios corredores, patios, jardines arbolados y aposentos que alojaron al metelinense, a sus ejércitos e, incluso, al propio Moctezuma y sus señores principales, una vez que habían sido tomados como prisioneros de Cortés.

Y aunque señaló que si bien las fuentes escritas son de gran apoyo para los expertos en arqueología, su confiabilidad en temas de ubicaciones espaciales y dimensiones no siempre es exacta, por lo que deben tomarse con mesura.

El Mapa de Nuremberg también establecía que el Palacio de Axayácatl se ubicaba en la periferia del Recinto Sagrado de Tenochtitlan; área que, según las fuentes, alojaba 78 templos.

De este modo, dijo Raúl Barrera Rodríguez, uno de los trabajos de los profesionales del Proyecto Templo Mayor y del propio PAU, ha sido corroborar o desmentir arqueológicamente las ubicaciones mencionadas por las fuentes documentales, así como abundar en las características arquitectónicas especuladas por los cronistas.

Mencionó que algunos casos en los que se ha probado como cierto el testimonio de los cronistas y conquistadores, es el Huei Tzompantli de Tenochtitlan, actualmente bajo investigación, y el propio Palacio de Axayácatl, el cual se decía estaba ubicado en el terreno que hoy ocupa el edificio matriz del Nacional Monte de Piedad.

El arqueólogo agregó que fue en julio de este año, cuando luego de trabajos de salvamento arqueológico realizados por el INAH, en el marco de las obras de recimentación del edificio virreinal que aloja al Monte de Piedad, se descubrieron vestigios del palacio prehispánico, así como los restos de una casa construida por órdenes de Hernán Cortés, la cual levantó mediante la reutilización de los materiales de ese edificio tenochca, como lo evidencian sillares de piedra labrados con motivos de una serpiente emplumada, un tocado de plumas y un tianquiztli (mercado).

El responsable del PAU concluyó que, en vista de la gran extensión que tenía el Palacio de Axayácatl –que cubría los actuales terrenos de las calles de Tacuba, al norte; de Madero, al sur; la Plaza de la Constitución, al este, y la calle de Isabel la Católica, al oeste–, es probable que debajo de las múltiples construcciones que se ubican en el primer cuadro de la Ciudad de México, existan más vestigios de las ‘Casas Viejas de Moctezuma’.

Finalizó que la intervención de dichos espacios es un trabajo detallado que corresponde al INAH, y el cual debe desarrollarse con extremo cuidado dado que cualquier excavación debe conservar la integridad estructural e histórica del patrimonio virreinal y de los siglos XIX y XX, que se desplanta sobre la ciudad prehispánica.

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